Hongo parásito convierte a hormigas en zombis hambrientos

David Hughes, autor principal del estudio, lo comparó con un titiritero "que tira de las cuerdas para hacer un movimiento de marioneta, el hongo controla los músculos de la hormiga para manipular las piernas y las mandíbulas del huésped".

Washington, Estados Unidos.- Un hongo parásito, conocido como Ophiocordyceps unilteralis, ha convertido a las hormigas en zombis reales, haciendo que caminen sin pensar, coman la vegetación y cuelguen de los bordes de las hojas y ramas.

Este hongo se conoce comúnmente como “parásito cerebral”, pero una nueva investigación publicada en la revista Proceedings de la Academia Nacional de Ciencias muestra que los cerebros de las hormigas zombis quedan intactos tras la infección.

O. unilateralis es capaz de controlar las acciones de su anfitrión infiltrando y rodeando las fibras musculares a través del cuerpo de la hormiga. En otras palabras, convierte a la hormiga infectada en una versión externalizada de sí mismo. Las hormigas zombis se convierten en parte insecto, parte hongo.

“Se encontraron células fúngicas en todo el cuerpo del huésped pero no en el cerebro, lo que implica que el control conductual del cuerpo animal por este microbio ocurre periféricamente”, según el estudio.

Además, las células fúngicas invadieron las fibras musculares del huésped y se unieron para formar redes que rodeaban los músculos.

Estas redes pueden representar un comportamiento de búsqueda colectiva de este parásito, que a su vez puede facilitar la manipulación del huésped.

Los autores del artículo originalmente creían que el hongo altera el cerebro para cambiar el comportamiento de las hormigas, pero efectivamente invade las fibras musculares de la hormiga, creando una especie de esqueleto dentro de la hormiga.

“Las conexiones se asemejan a estructuras que ayudan a transportar nutrientes y orgánulos en varios hongos asociados a plantas”, sostiene el documento.

“Estos hallazgos alteran la visión actual de los fenotipos extendidos por parásitos al demostrar que el control del comportamiento no requiere que el parásito invada físicamente el cerebro del huésped y que las células del parásito se coordinen para cambiar el comportamiento del huésped”.

David Hughes, autor principal del estudio, lo comparó con un titiritero “que tira de las cuerdas para hacer un movimiento de marioneta, el hongo controla los músculos de la hormiga para manipular las piernas y las mandíbulas del huésped”.

Después de un período de tiempo, la hormiga huésped se inmoviliza y el hongo brota del cuerpo y busca otro huésped para infectar.(Con información de NOTIMEX)